A veces simplemente hay que apostar

A veces simplemente hay que apostar…

Apostar por tus sueños y jugar una y otra vez tus cartas, hasta dar con la jugada ganadora.

Apostar por el amor, el de verdad, el que te hace sentir vivo y te impulsa a ser mejor, aunque suene a cliché. No necesariamente el amor de pareja, que también, sino el amor de verdad, el que está en lo fácil y en lo difícil y eso se extiende a todos los seres del planeta y nuestra relación con ellos, incluido uno mismo.

Apostar por uno mismo, por las decisiones propias y nuestra propia valía más allá de lo que opine el resto o qué tan bien nos salgan las cosas. Porque finalmente, bien o mal, es subjetivo y si apuestas por ti, los extremos terminan, pues te quedas en el centro, que eres tú.

Apostar por ese impulso que te llevará al cambio, del tipo que sea, pero al cambio.

Apostar al avance, a la incertidumbre, al riesgo a perderlo todo para tenerlo todo.

Apostarlo todo, hasta que quizás te quedes en nada, en nada más que tú.

Sólo cuando apuestes, cuando te arriesgues a perderlo todo, podrás encontrarte con la esencia de la vida: tu propia existencia.

A veces simplemente hay que apostar… apostar por ti, simplemente porque sabes que esa, es una apuesta segura.

Cambios de estación. La impermanencia…

Me gusta mucho caminar, a mi ritmo, sola. Me gusta observar en silencio y la ausencia de él, del silencio. Nada y todo al mismo tiempo. Hasta en los momentos de silencio, algún sonido se asoma. A veces, el sonido que se asoma es bello, como el trino de un pájaro que no habías observado antes, el correr del río que muestra su fuerza máxima si le pones atención. El sonido del aire, de las hojas a su paso. Me gusta donde vivo, porque puedo hasta escuchar a los árboles en el silencio del parque. Pero en ese silencio, siempre, en algún instante, aparece mi voz… en algún momento, siempre, soy capaz de escuchar mi continuo runrún mental. Y me doy cuenta que no siempre es mi mejor amigo.

Pero siempre que me pilla, rodeada de árboles y silencio, en algún minuto, se disuelve en medio de la nada. Esa es la grandiosidad de la Madre Naturaleza. Te acurruca en sus brazos de una manera sutil, amorosa, delicada y te susurra al oído, si eres capaz de entender el silencio, “tranquila, todo va a estar bien”.

Cuando el runrún de las preocupaciones diarias, de los miedos, de las rabias, de las penas, de toda la basura que metemos poquito a poco a diario, sale, aflora y eres capaz de escucharlo, por un lado, por lo menos para mí, es abrumador, pero a la vez, es un alivio, porque logro escucharlo y logro entender dónde estaba bloqueando todo. Y entonces en el parque, junto al río, alejada del ruido de los coches, puedo descalzarme junto a un árbol, y me imagino ser uno de ellos. Me imagino echando raíces y dejando que la Tierra me sostenga por un ratito, mientras por mis pies, sale todo lo que ya no soy capaz de sostener dentro. Imagino, que la Tierra grande y fuerte, toma todo eso a través de mis raíces y le da un mejor uso que el que tenía en mi mente. Lo usa de abono. Y a cambio, me entrega fuerza y fuego, para ayudar a limpiar la basura que queda dentro.

Soy una persona extremadamente analítica (deformación profesional) y a la vez emocional (será mi luna…). Ambas partes en equilibrio son un menú perfecto, equilibrado, saludable, sabroso, creativo, que nutre y del que no te aburres. Un menú tan fabuloso, que todo el mundo quiere conocer la receta.

Pero cuando una de las dos partes quiere llevar el cetro… ¡uf! ¡se viene tormenta! y como con las tormentas, todo el mundo, se pone a resguardo y se queda sola la tormenta, con su lluvia, sus rayos y relámpagos, hasta que en algún instante, sale el sol. Siempre en algún instante, Mr.Sun, aparece en el horizonte.

Y he ahí la impermanencia.  Esos conceptos budistas, de impermanencia y apego, son mis compañeros diarios. La teoría me la sé, pero en la práctica, me cuesta y mucho, recordarlos y ponerlos en práctica.

Pero por eso me gusta pasear sola y en silencio, porque de pronto, las enseñanzas te susurran al oído, si decides abrir los ojos para escuchar el silencio.

¿Y cómo es eso? Cuando aparece el silencio, si abres los ojos, puedes escuchar lo que te dice, observando lo que sucede alrededor. Si abres los ojos, se activan los sentidos. No es necesario ver literalmente, pero es necesario querer ver…

Hace un par de semanas mientras caminaba, en ese minuto de runrún, de pronto, decidí apagarlo enfocándome en el paseo, en mi presente, en mi respiración agitada, en la velocidad de mis pasos. Decidí deliberadamente, enfocarme en lo que sentía fuera de mi mente. Decidí enfocarme en mis sentidos y no en mi análisis.

Entonces claro, mi mente analítica, no es que se apague (demasiados años entrenada para pensar), pero cambia su atención. En el minuto que le cuesta darse cuenta de dónde ha sido llevada, es el instante que aprovecha la naturaleza para hablar. En aquel paseo, sucedió, que de pronto, recordé como mis manos hace unos meses, acariciaban los brotes de los árboles, después de derretirse la nieve. Y sin embargo, en esas mismas ramas, ahora podía ver hojas tornándose rojizas y amarillas, para en unos días más, volver a dejar peladas las ramas.

De pronto, como no soy capaz de hacer muchas cosas a la vez, cuando una de ellas, exige concentración, pues tuve que pararme. Y es que mi mente, empezó a sacar del baúl de las memorias, todas las imágenes vividas en mis paseos, a lo largo ya, de un año.

Pude recordar la imagen de mis manos tocando esas mismas ramas en cada estación. Se reactivaron en mi mente y en mi piel, las sensaciones y las emociones de cada momento del año, tocando esas ramas.

Cambios de estación2

Fue increíble, porque mi mente, me mostró el apego y la impermanencia, en medio del silencio. Pude recordar perfectamente la alegría indescriptible de estar presente ante la belleza de lo simple. Pude recordar, como en esos instantes, que vivía una especie de éxtasis de alegría, deseaba que aquel momento, aquella estación, no terminara nunca. Deseaba volver ahí una y otra vez. A ese lugar, a ese estado.

Y pude recordar como pensaba en medio del verano cálido y su verdor, y los animales apareciendo por cualquier rincón, “nada puede ser mejor que el verano….no quiero que llegue el otoño…” Pero más allá de mis deseos profundos, la vida siguió, aunque yo quisiera volver a pasar día tras día por el mismo sitio, como si se fuera a alargar el verano… la vida siguió…

Y llegó el otoño y sus tonos rojizos y amarillos y las aves ensayando sus vuelos y el fresquito del atardecer, las tardes de café y los momentos de esa nostalgia tan especial del otoño, y yo pensaba “estaba equivocada, nada puede ser mejor que el otoño… no quiero que llegue el invierno…”. Pero una vez más, la vida no quiso quedarse parada… y llegó el invierno…

Invierno, primeras nieves, frío, mucho frío, decenas de grados bajo cero. Ya no había aves, ni ardillas, ni animal alguno. No había verdor brillante, ni tonos rojos. Todo era blanco y azul. El río frente a casa se congeló, el sol, amanecía frente a mi salón y mi casa se iluminaba con su aparición en cuestión de minutos.

Empecé a seguir el ejemplo de mis gatos y me levantaba para ver amanecer. Y observaba en silencio. Y si ese día no había nubes, salía a caminar acto seguido. Y es indescriptible, la emoción de mi primera caminata sobre la nieve brillante, aún sin pisar, suave, esponjosa y resplandeciente, llena de luz y destellos. Ese aire frío golpeando mis mejillas. Pero miraba a la luz del sol, el azul brillante del cielo y me sentí viva. Más viva que nunca. Y mis paseos eran infinitos. No quería que terminara el invierno. Era todo un invierno nuevo, una sensación única. Y me decía “estaba equivocada, ni verano, ni otoño. ¡El invierno era lo mejor!¡cómo pude tenerle miedo y pensar que no tenía nada bueno para mí! Definitivamente, nada va a poder superar al invierno. No quiero que se derrita la nieve, no quiero que llegue la primavera. Nada puede ser mejor…”

Y efectivamente. La caprichosa naturaleza, siguió su curso. Me arrepentí de haber apreciado el invierno, cuando sólo quedaba un mes. Porque los primeros meses, los pasé malgastando mi tiempo, preocupada de cuán terrible sería hacer vida de invierno y todos los problemas que tendría que resolver de mi día a día. Me arrepentí de no haber aprovechado mejor todo el invierno que pasó. Y mientras se fundía poco a poco la nieve, y estaba esa transición a la primavera, donde sale la basura bajo la nieve y brota el barro, pensaba que la primavera no me traería nada que no conociera ya.

Efectivamente, como os estaréis imaginando, ¡qué equivocada estaba!. De pronto, un día, salí a caminar y empecé a ver a los gansos de vuelta, las ardillas, los demás pájaros. Estaba viviendo por primera vez, en primera persona, la época que empiezan a poner huevos los gansos y ves sus primeras crías sin plumas, como una especie de peluches amarillos enanos, aprendiendo a comer y a nadar. Llega el momento, de ver a la gente cambiar los esquís, por las bicicletas. Y yo empezaba a poder caminar por orillas antes cubiertas de nieve. El río descongelándose y volviendo a su fuerza. Y de  pronto caminando, acompañada de mi runrún mental, vi unos brotes de hojas, de cerca. Y las toqué y cerré los ojos, y sentí el corazón de la primavera. Y pensé, “qué equivocada estaba… no hay nada mejor que la primavera… no quiero que llegue el verano…”

Y vuelta a empezar… y recién hace unas semanas, pude recordar todo esto que he narrado. Y me dí cuenta de algo. Cada cosa que pasa en mi vida, cada relación, cada trabajo, cada momento bueno, quiero atraparlo. Quiero quedarme ahí. Creo que no va a existir ningún momento,trabajo, relación mejor. Creo que todo lo que siga va a ser peor. Y mientras me aferro al momento, la relación, el trabajo, el lugar… la vida, como la sabia naturaleza, sigue, avanza. Me quiera mover yo o no. Me quiera aferrar al momento o no. Todo se mueve y todo lo que llega siempre tiene algo bueno que ofrecer.

El problema está sólo en una cosa: en el tiempo que pierdo intentando aferrarme a lo conocido, bueno o malo, imaginando que lo que viene siempre va a ser peor.

La impermanencia y el desapego. Esas son las claves para salir victorioso en esta vida, en cada etapa, en cada valle y en cada cima, en cada ciclo cerrado, o en cada espiral que se abre y crece infinitamente.

La clave, la meta, no consiste en aferrarse a lo conocido. La clave consiste en entender, que todo, se mueve, con o sin tí. TODO SE MUEVE.

Por tanto, seamos como las aves migratorias, como los árboles de hoja caduca, y aceptemos las etapas, los ciclos, los momentos. Dejemos que se caigan las hojas, que nos golpee el viento, la lluvia, que nos ilumine y caliente el sol. Dejemos que nuestra vida cambie los tonos, como las hojas en las estaciones. Y aceptemos, que toda estación, tiene su belleza.

Esa es la clave…

Abrir los ojos para escuchar el silencio…

Estaciones

“Las estaciones cambian y nosotros también”

Despidiendo el 2017. ¡Bienvenido 2018!

Voy en el tren, camino a casa de mis padres, para cerrar este año de cambios con ellos y mis hermanos, después de 12 años sin juntarnos todos para ello.

Ha sido un año que pasó en un suspiro. Hace un año a estas horas, eran realmente 4 horas antes, el clima era unos 20 grados más caluroso y recién empezaba a ver qué se venía un año de cambios de verdad y muy distinto a todos los anteriores.

Creo que cuando imaginé cómo sería este año, no imaginé nada cercano a lo vivido, pues realmente lo único que se cumplió fue el hecho que cambiaría de país. A estas alturas del año pasado,ni sabía qué país sería mi siguiente destino. Sólo sabía que ya había cerrado una puerta a mi zona de confort, que ya era el fin de una etapa, de un ciclo y no había vuelta atrás. Era momento de caminar hacia adelante.

Me temo, que nunca en mi mente hubo visualización de los éxitos cosechados en mis proyectos laborales como independiente antes de partir, así como tampoco imaginé que podría volver a sentirme deprimida o bajar mi estado físico saludable, al estado de tener que volver a disciplinarme por completo, porque me debilitase de nuevo.

Definitivamente, el 2017 me ha enseñado y mucho, a soltar una vez más, pero esta vez me enseña a soltar los apegos a los resultados, sin soltar lo que me fortalece. El 2017 me deja el sabor agridulce de un camino con altos y bajos, pero a la vez, un toque sabroso de saber que finalmente fui capaz. ¡Lo hice!, ¡me atreví!, salté una vez más y sigo viva, de pie, con fuerza para retomar lo que me hacía bien en su momento con disciplina y voluntad. Con pros y contras, semejanzas y diferencias, mis raíces y mi sangre -mi familia de esta vida terrenal , la de carne y hueso- siguen dándome las lecciones, con alegrías y también dolor y me inyectan la pasión que necesito para despertar en medio del letargo de esa resistencia a lo nuevo. Volver a tus raíces te recuerda aquello que te pertenece y aquello que sólo llevas en una mochila y que puedes dejar en el camino. Te recuerda que hay mochilas que no te corresponde llevar y eso, es una inyección de energía, pues recuerdas hacia dónde quieres caminar y con qué cuentas para ello.

Agradezco al 2017 todas las imágenes que quedan grabadas en mi retina, en mi cuerpo, en mi corazón y en mi frágil memoria. Agradezco las caídas, los miedos y todos los ángeles, maestros y herramientas del camino para avanzar. Agradezco las amistades de estos años que quedaron en el país que dejé y las nuevas que traen nueva luz a mi nueva vida en mi nuevo hogar temporal.

El 2017 lo recordaré como en año en que cerré un ciclo y abrí otro. Un año de riesgos y belleza creciente. Un año de contacto con la naturaleza, mis raíces originales y las nuevas por enraizar. El 2018, lo recibo con entusiasmo, apertura, alegría, curiosidad y con una maleta llena de fuerza, resilencia, fuerza de voluntad, creatividad, fuerza interna, amor y agradecimiento.

¡Feliz 2018 a todos! Que la vida os entregue todo lo que necesitéis para evolucionar y más de lo que imaginéis, para que lo que venga llegue cargado de esa certeza de que todo, siempre, a la larga, es para mejor… Aunque en este presente, no se entienda. 

¡¡¡FELIZ 2018!!!

¿Por qué a mí?

Hoy voy a compartir con vosotros lo que he vivido en los últimos meses desde mi último post sobre la valentía, pero me concentraré en el aprendizaje de mis últimas semanas, dónde toqué fondo en esta etapa de cambios y desafíos.

Desde marzo, comencé mi proceso de dejar el país en el que viví por 12 años, donde reconocí todas mis virtudes y me atreví a mirar y limpiar toda mi basura interna, o al menos gran parte. Siendo agnóstica al llegar, dejé aquel país declarándome una persona bastante espiritual, pero alejada de religión alguna. Siendo mujer de ciencias, racionalidad y mente duras, abracé e incorporé esta otra yo, que es la otra cara de la misma moneda. Una cara creativa, flexible, que le gusta fluir con las sorpresas de la vida, que está conectada con toda versión de arte, su intuición y lo que se podría llamar “el lado mágico de la vida”. Las sincronías y el aprendizaje que despiertan la sabiduría interior después de cada terremoto o huracán. La cara sensible pero fuerte, de quién aprende a aceptarse tal y como es y se contiene y apoya incondicionalmente. Esa otra cara de la misma moneda que aprendí a dejar fluir y que en la medida que limpio la basura, o la incorporo como parte de la perfección de un ser imperfecto, fluye ilimitadamente.

Creí que estaba preparada para dar el salto: cambiar de casa, de país, de cultura, de clima, de paisajes, de gente, de amistades, de idiomas, de trabajo, de enfoque. Dejar lo viejo (incluida ropa y objetos de casa que aún-qué loco es el apego- recuerdo y extraño no tener) por algo nuevo y desafiante que en mi interior decía “obvio que va a ser un cambio para mejor”. Y ahí la trampa….

Gente, os cuento, que siempre que tengamos la certeza que todo lo que ocurre nos va a llevar a algún punto de evolución, será para mejor. Pero si pensamos que el cambio para mejor tiene nombre y apellidos, es decir, ya pensamos en cuándo y cómo será “la mejoría”, estamos metidos en el mundo de las expectativas, que van directas al fracaso y la frustración y generarán ese “¿por qué a mí?”.

A veces la pregunta surge por asuntos fuera de nuestro control, como asaltos con violencia, muerte repentina o enfermedad de un ser querido, accidentes naturales que arruinan todo, o eventos puntuales que cambian el rumbo de tus planes y te colocan en un punto, donde JAMÁS PENSASTE, NI IMAGINASTE QUE ESTARÍAS. O quizás sí, pero no de ese modo.

Como sea, son jugadas de la vida, que te enseñan, desde mi perspectiva tres cosas: mira tu interior, sé humilde ante la vida y flexible a su voluntad y  por último, recuerda que lo que aprendas de esto, ayudará a otros y/o a tí mismo en otro instante.

La historia de la humanidad no se ha construido de teorías, se ha construído de vivencias. De ensayo y error. Desde la ciencia hasta los grandes personajes iluminados de la historia, todo han sido consecuencias de experiencias.

Yo me caí duro. Vine con unas (y no exagero) 10 alternativas de instalarme en el nuevo país. Y juré que incluía hasta el peor de los escenarios. Finalmente, obvio que todos cayeron. Cuando construía nuevos caminos, se volvían a caer y siempre aparecía algún escenario peor que todos los anteriores. Cada vez que uno caía, me enrabiaba más y más con cualquiera que me generara un inconveniente en mis planes, después la rabia pasó a indignación, la indignación a frustración y la frustración terminó en autocompadecimiento y finalmente la víctima y su tristeza y llanto profundos.

Llegados a ese punto, sólo tenía dos opciones, tirar la toalla y buscar volver a mi país de origen, o regresar al país del que partí tras 12 años hacia aquí y llorar por mi “fracaso” o aceptar el escenario y como si de un juego de estrategia se tratase, hacer lo mejor posible con lo que tenía y abrir puertas que no estaban en mis planes, pero sí en mi camino.

Opté por lo segundo, pero a regañadientes y pensando que YO (cero humildad) no merecía esto y lo que merecía eran A, B, C, D en el formato que yo imaginaba (cero flexibilidad). La vida, ahí me golpeó donde más duele. Ver sufrir a aquellos que quieres. Enfermedad de sus familiares, carencias económicas, violencia… Y yo, estaba tan ciega… Yo tenía todo en paz. Gracias a Dios y a la vida, mi familia está bien y me puede apoyar en la distancia, mis gatos y yo, vivimos en un hogar cómodo y caliente, con comida y salud y frente a un río y una isla y parques maravillosos para nutrirme de la energía de la sabia naturaleza. En este país siempre hay alguien que se preocupa por invitarme a un café o compartir un minuto conmigo. Lo único que me faltaba era que en 5 meses no había logrado mis planes, pero estaba construyendo otros y no los vi, o mejor dicho, no los apreciaba. Porque pensamos que merecemos lo que no tenemos, pero damos por evidentes las cosas que tenemos. Asumimos que lo que tenemos, estará siempre.

¿Y cuándo empecé a ver que estaba ciega? Pues aquí los juegos de la vida: cuando decidí compartir un día con un desconocido que era ciego. Gracias al hombre ciego, yo empecé a ver.

Nos contactamos por las redes por una consulta que hizo sobre este país, y terminamos quedando para compartir su día libre, pues no conocía a nadie aquí. A mí en mi estado de “agonia emocional”, no me apetecía compartir con un extraño, pero algo en mí empatizó con él y decidí ir.

Tras las conversaciones de ese día, en algún punto yo sólo me quejaba de todo lo vivido de un tiempo a esta parte, y estaba bastante desencantada o al menos así me expresaba, pero este chico, veía más allá de mis palabras y me dijo algo clave:”yo creo que lo que te pasa, es que te faltan abrazos” y se acercó haciendo un amago de abrazo, del que yo por inercia, me alejé. Fue muy fuerte, porque me di cuenta que era cierto. Pero no sólo los abrazos de alguien cercano, sino los abrazos simbólicos que nos damos cuando nos cuidamos en las duras y en las maduras, en los momentos buenos pero sobre todo en los malos.

Como si de una película se tratara vi pasar cada escena autodestructiva en este tiempo y que poco presente estaba en mis días. Me enseñó detalles sobre las aceras, luces, sonidos, el tacto de las monedas, tantas cosas que para nosotros los que vemos, ni nos fijamos, pero para quien no ve, es parte de sus desafíos de adaptarse a un lugar nuevo. Al terminar ese día nos despedimos con un abrazo y ahora cada abrazo, me nutre más que la comida.

Pude volver a meditar, dejé de quejarme, pero aún sentía tristeza por mi presente, aún estaba un rastro de frustración. Ahí supe de la situación grave repentina de salud,del padre del hombre que para mí es el amor de mi vida, hasta este minuto y no pude volver a sentir nada más que su sentir. Aunque él estaba tranquilo, sentir estar en su lugar, me sacó del mío y me ayudó a despertar. Y así en esa semana se sucedieron eventos de dolor, inevitables, en mi entorno de amistades y pude relativizar mis problemas y terminar de ver mi ceguera.

Y como la sincronía de la vida es maravillosa, abrí el libro que hace tres semanas me recomendó un gran amigo, con el que compartimos nuestras reflexiones locas de la vida, y era perfecto para entender este proceso de cambio con expectativas frustradas, y nuestro egocentrismo de víctimas de las circunstancias, que nos llevan a los pozos profundos del poder de las emociones por sobre simplemente vivir presentes. “Who moved my cheese?” como lo tradujeron en español, “¿Quién se ha llevado mi queso?”(Spencer Johnson).

Es un breve relato sobre las actitudes de dos ratones y de dos personas, entorno a la búsqueda de su preciado alimento y meta de cada día, el pedazo de queso. Un día el queso no está y ahí empieza todo. 

Ameno, divertido, claro, directo e iluminador en los momentos de crisis de cualquier tipo, basadas en expectativas y zonas de confort quebradas.

Tiene frases joya como:”What would You do if You weren’t afraid?” (“¿Qué harías si no tuvieras miedo?”).

Miles de reflexiones de un cuento, pero esa fue la clave para mí. Mi click. Lo contrario del miedo es el amor. Cuándo preguntas ¿por qué a mí?, es muy probable que lleves un rato largo, dejándote de lado, creyendo que ya no puedes, que te equivocaste, fracasaste y olvidándote de darte amor y conectar con el amor. El aquí y el ahora, tu vida, tu momento presente y el regalo que supone. Pues en el presente las posibilidades serán tan infinitas, como tu deseo de lograr tus metas; pero en el momento que empieces a culpar al resto o al contexto exterior, de tu mala fortuna, significa que ya enganchaste con el miedo y te alejaste del amor.

Esculpe tu cerebro, observa tu diálogo interno en momentos de crisis y conéctate con la compasión por otros y por tí. Y recuerda que cuando la pregunta “¿por qué a mí?” aparezca en tu mente, lo que necesitas son sólo, más abrazos=amor…


La libertad es sólo para valientes.

  Aprendí que el coraje no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que conquista ese miedo.”-Nelson Mandela.

       Esta semana empecé con mi primer acercamiento al concepto de libertad. Sí, tal cual se lee, mi primer acercamiento a la libertad. ¿Qué ideas os vienen a la mente, si alguien que no conocéis dice esto?

Veamos si puedo adivinar…¿está sin trabajo, porque fue despedido/a y ahora se dedica a hacer lo que de verdad ama?¿quedó soltero/a?¿salió de una deuda tremenda?¿dejó atrás algo que le producía dolor?¿se curó de una enfermedad?¿dijo algo que deseaba decir y no lo había hecho todavía? ¿dejó todo y se dedicó a recorrer el mundo al estilo de “Comer,rezar, amar”? Decidme, ¿a que no estoy tan lejos de las preguntas/ideas que os vienen a la mente cuando hablo de “acercarme al concepto de libertad”? Es más, el hecho que la imagen inicial que he usado, sea una jaula que se abre para dejar volar a una pluma fuera de ella, insinúa que debe ir por esa línea el asunto…¿verdad? (por cierto, si alguien conoce a quién debo asignar los créditos, que me lo diga y lo escribo bajo la imagen)

Bueno, pues son todas y ninguna a la vez. Creo que es inevitable pensar en alguna pregunta del estilo a las anteriores, cuando se habla de libertad. Y es que eso para mí, ha sido todo un descubrimiento esta semana: la palabra libertad.

Suena genial,LIBERTAD. Es que uno repite la palabra y siente que se le abre el pecho de la misma forma que si repite la palabra AMOR. Probad, repetid con los ojos cerrados, la palabra amor y observad vuestro cuerpo tras repetirlo durante mínimo un minuto. Idem con la palabra libertad, hacedlo, ¡en serio!, ¡que vais a alucinar!.

Uno ve la palabra LIBERTAD en las frases de figuras históricas que nos inspiran, la ve en los libros de autoayuda, en los libros de espiritualidad y en los discursos y seminarios de maestros y guías de distintas corrientes espirituales o filosóficas, también se escucha en las consultas psicológicas, en las asesorías de los coaching, en fin, en innumerables lugares, uno ve la palabra libertad y uuuuuy, se produce ese gusanillo en el estómago, ya sea porque uno siente que está vibrando a diario en su hacer, ser y pensar alineado con la libertad, o quizás por todo lo contrario, pero a nadie deja indiferente esa palabra.

Bueno, pues yo estaba convencida que era libre y me di cuenta que, como diría una amiga mía, “¡y las pailas!” (no sé de donde nace la expresión, pero suena a un sinónimo claro de “¡no te lo crees ni tú!”). ¡Exacto! no era libre, porque ahora siento que lo soy. O al menos, si antes era libre, entonces ahora debo ser más libre, porque esto se siente muy distinto a lo que sentía antes de estar en el lugar dónde estoy ahora… por tanto, quizás no conocía de verdad el concepto de libertad.

Mirad, para que me entendáis mejor. Es como cuando uno tiene un dolor crónico, ¿no os  ha pasado nunca? En mi caso, yo siempre había sentido molestia en las rodillas, pero era algo tan de mi día a día, que en realidad tampoco me limitaba en nada, y como que lo hice parte de mí. Hasta que un día, me dolían un poquito más de lo habitual, nada limitante tampoco, pero sí un poco más y justo había en la universidad, asistencia kinesiológica a buen precio, de una experta en lesiones deportivas, y dije, bueno, vamos a probar.

Entonces, durante como tres meses, estuve yendo día por medio a terapia de kine y los días restantes al gimnasio. Me centré en mis rodillas y en la medida que las iba tratando, iba sacando dolores ¡¡¡¡¡del terror!!!!!, es decir, resulta que curar algo tan de mi día a día que no me limitaba, me estaba doliendo más que tenerlo ahí tranquilito con su micro dolor diario. Pero, yo soy una persona medio terca y obsesiva para mis cosas, sobre todo cuando decido comprometerme de corazón con un proceso o proyecto, y ahì seguía, aguantando dolores, momentos de verdad de lágrimas de dolor, pero persistía, y perseveraba cada día como me prometí que haría, hasta que el médico me dijera, “ya estás bien”.

Mi sorpresa fue que un día, de pronto, desperté sin dolor. Era algo nuevo, realmente nuevo. Por primera vez en mi vida, pude ver, cuánto de verdad me habían dolido las rodillas por años, al ver lo que se sentía al no tener el dolor, ¿loco o no?. Ese día, llegué a mi kine y sus masajes ya no molestaban, y me dijo: “estás perfect, ya eres libre”. ¿Vistéis?¡¡¡¡ERA LIBRE!!!!, me liberé de ese dolor rutinario, pasé por un proceso que me dolió más aún para poder sanar algo que ya asumí normal, y de pronto, estaba en un estado maravilloso de entender que ahora en verdad, mi vida mejoraba.

No significa que hiciera más cosas que antes, o quizás sí, porque había actividades que evitaba para no tener dolor, pero no me quitaba el sueño no hacerlas. Ahora podía elegir si hacerlas o no, esa era la diferencia. Además, de verdad, no sentir dolor, era extraño, era muy, muy, muy extraño.

Eso sí, en la medida que la rutina de no doler era algo normal, un día empezó a dolerme un poquito, y bueno, lo fui aceptando, hasta volver muchos años después a lo mismo. Claro, que ahora sabía cuál era el camino, sabía dónde había empezado el problema, sabía como detenerlo, y sabía qué decisiones y hábitos me llevarían a seguir con ese dolor o eliminarlo. Ahora la decisión sobre mi salud en las rodillas era una decisión consciente.

Para mí aquella experiencia fue un antes y un después. Creo que uno de los mayores placeres de esta vida, es VER, con los ojos de la conciencia y tomar decisiones CONSCIENTES. Creo que eso es algo muy próximo al amor y la libertad que tanto se vende y se habla.

Paro al igual que con mis rodillas, estos procesos, son DOLOROSOS. Que no os vendan caminos bellos libres de dolor, porque eso no es cierto. Eso sí, la recompensa merece la pena y ¡la gloria!. Y el dolor… bueno, el dolor creo que es simplemente el hecho de salir de lo que uno conoce. Creo que tanto desde lo físico a lo emocional, es puro apego, apego a “lo malo conocido”. Si uno puede evitar el dolor, es de humanos evitarlo, pero lamento decir, que el dolor es necesario para el crecimiento. Sino todos seríamos grandes iluminados hace mucho tiempo y no pasarían las cosas que pasan en el mundo. Sería tan maravilloso entender la teoría y aplicarla con certeza absoluta…

Pero en fin… no es así. Y por tanto, volviendo al momento actual de acercamiento a la libertad, así como pude entender cuánto tiempo y en qué grado me habían llegado a doler las rodillas, no cuando tenía el dolor, sino cuando descubrí que podía estar sin el mismo, el día que descubrí como se sentía eso de  “no sentir dolor”, así me ha pasado con mi trabajo, mis miedos y mi falta de libertad diaria, de la cual no era consciente.

Resulta que hace unos meses decidí embarcarme en una nueva aventura a contar de este año, 2017. A contar de marzo del 2017, dejaría mi trabajo, que ha sido mi “espacio de confort y seguridad y estabilidad” ¡durante 12 años!(mi dolor conocido, aunque también me ha dado y muchas, alegrías).

Sí, decidí renunciar a contar de marzo, porque sino, sería imposible focalizar mi atención en mis sueños, en proyectarme, en avanzar laboralmente y con ello también desafiarme a mí misma, mis miedos, mis apegos, mis dudas. Esto de desafiarme y contenerme al mismo tiempo.

Hace unos 6 años, intenté una aventura de emprendedora, y me salió fatal. Es más, perdí en el camino amistades, dinero, salud y casi el trabajo. Por supuesto también me supuso enfrentamientos en mi familia, porque por protegerles y protegerme, no les conté todo, pero lo que alcanzaron a saber fue suficiente para que no encajase en lo que para ellos es FELICIDAD, asociada como en el 99% de los casos a una supuesta “estabilidad”, que no es más que control de lo que se pueda controlar, aunque eso suponga sacrificar la libertad. Al fin de al cabo, a veces van tan unidas de la mano lo que creemos que es la libertad con lo que nos vendieron como garantía de felicidad, es decir, la seguridad, que es difícil cuestionarse si uno es o no realmente libre y feliz.

Pero volvamos al centro del post presente… En aquel minuto, aquella caída, persiguiendo mi supuesto sueño, fue un golpe casi suicida. Hoy en la distancia, que en realidad no es tanta, lo veo, y siento que fue LO MEJOR QUE ME PUDO PASAR. Me ayudó a limpiar aquellas personas que estaban en mi vida y ya habían cumplido su papel, me enseñó a valorar el tipo de personas que quiero a mi lado y sentirme libre de la culpa por elegir gente que vibre en mi frecuencia. Aquella quiebra, me mostró que a pesar de todo, la familia es un pilar sólido, y quiénes contamos con una familia, somos plenamente bendecidos, pues no todo el mundo cuenta con una. Aprendí que el dinero es energía que va y viene, y que “el dinero no rompe las relaciones”, el dinero sólo da la autoridad -o quita la culpa- de ser auténticos, aceptar ese lado oscuro de cada uno es parte de esa autenticidad, lo difícil es asumir que existe. Pero cuando hay deudas, aquella persona a la que le deben, tiene una especie de cetro y trono que le da autoridad y permiso de ser quién es en su totalidad. Si hay lado oscuro no aceptado y/o reconocido, lo puede sacar sin culpa, pues le deben dinero y está validado socialmente bajo ese escenario, sacar lo peor de uno. Es curioso cómo cambió mi visión sobre el dinero, y con ella, la visión de la prosperidad.

También pude entender que aquello no resultó, porque de entrada no era mi sueño. Aquello que armé era un palacio para alimentar mi ego, hambriento de reconocimiento, de aplausos, de valía. Mi sueño, se podía leer entre líneas, pero nunca dirigió el buque. Y así fue la gente que llegó a mi alrededor. Pero también aprendí, que en medio del caos, y de la gente que te rodea, siempre hay ángeles. A veces son amigos, y a veces desconocidos que con el tiempo fueron más fieles, leales y apoyo incondicional que aquellos que te conocían de mucho antes.

En medio del caos, también aprendí con el susto que me dio mi cuerpo, que debía escucharle más, y de hecho aprendí a escucharlo y a cuidarlo. Y aún aprendo de mi cuerpo y aún me sigue enseñando.

Aprendí que la espiritualidad no se vive sólo en la India o el Tibet, sino que es un aprendizaje diario que exige tener una mente lúcida y hay que cultivarla y para ello, la meditación es una herramienta clave en la vida.

Aprendí tanto sobre la humildad, la amistad, el amor, el desapego, la energía del dinero, el deseo, la bendita impermanencia, las ilusiones del día a día, la diferencia entre dolor y sufrimiento, entre salud y enfermedad, causa y efecto, karma y darma, diferencias entre víctima pasiva y agente proactivo, entre pena y compasión, entre libertad y esclavitud… ahí empecé a entender que no era del todo libre…

Pero durante estos años, en ese proceso, no me centré en ser libre, me centré en escapar, me centré en salir de la esclavitud en la que me metí poco a poco, por haber permitido esas “micro-autolesiones en mi día a día “, y bueno, lo logré… hace un año y medio, por ahí por el 2015, empecé a sentir que ya se acababa aquel periodo… o al menos “el dolor empezaba a aliviarse”. Pero como con las rodillas, fue un proceso aún más doloroso que la lesión en si misma… y no estaba del todo sana, aunque ya en aquel entonces habría logrado ordenar mucho de mi caos.

El 2016, como ya estaba fuera de la presión inicial, vamos a decir que fue un año en que “mordí la manzana del paraíso”, al menos por un rato. Partí el año creyendo que ya estaba libre, que ya logré salir de todo y venían tiempos de bonanza. Internamente, sabía que quería seguir nuevos rumbos, que ya estaba preparada para avanzar, y que lo deseaba hace tiempo, pero la verdad, que por otro lado, al fin podía tener calma, “controlar” mi vida, tener esa prosperidad y seguridad que mis padres y mi entorno llaman felicidad. Habría logrado ser lo mismo que ellos, pero además ahora yo podría poner el apellido “heroína”, porque encima lo logré después de pasar por esa caída tan dura.

Pero, ¿os cuento un secreto? si alguna vez sentís que habéis llegado a la cima, y que sois los mejores, es el mejor momento para cambiar de lugar y volver a ser el peor. Aquel que más necesita aprender. Así mantendréis un espacio amplio para seguir aprendiendo y creciendo.

Y en mi caso, como soy buena para las teorías, pero soy la reina de la procrastinación (pinche aquí si quiere ver un video excelente respecto a la procrastinación)  la vida, que por suerte es infinitamente más sabia que uno, me espabiló, y me dio varias señales en febrero de 2016 que todo podría ser una ilusión. Yo estuve atenta, pero como en el día a día, no había dolor evidente, era sólo una molestia. Nada de que preocuparse. Y en agosto de 2016, se vino el gran golpe. De pronto, mi seguridad ficticia empezó a tambalearse. Mis espacios de confort, dejaron de serlo, y apareció en el juego, un invitado sorpresa llamado  incertidumbre, QUE YO NO HABÍA ELEGIDO DELIBERADA Y CONSCIENTEMENTE.

Así que pedí señales, observé, medité y recapitulé. Y me di cuenta, que sin darme cuenta, como cuando me estaba dañando las rodillas, estaba repitiendo un patrón ya conocido, que la vez anterior terminó en desastre. Y para que os riais y entendáis que el cuerpo es sabio… ¿sabéis cuál era la lesión que tuve que cuidar durante el año, por tener una gran crisis al final del 2015? ¡Muy bien! estoy seguro que todos lo habéis pensado: LAS RODILLAS.

Mi cuerpo lo decía todo, y yo podría, además de obviamente cuidar mis rodillas y ponerlas en tratamiento de nuevo, después hacerme la loca, y seguir en mi confort de ilusión, o analizar la raíz, y decidirme a cambiar el patrón, aunque doliera.

Y es así, como en Noviembre, al ver mi momento presente en aquel instante, como un flashback al 2012 por esas mismas fechas, dije, ¡STOP!¡ARRIÉSGATE Y AVANZA!¡SUELTA ESTA ILUSIÒN Y AVANZA!.

Por tanto, cuando se abrieron las postulaciones en Noviembre, para asegurarse el trabajo para Marzo en la universidad, yo decidí soltar. Hice un acto, no sé si de valentía o de locura, o quizás son lo mismo según la posición desde la que se miren, pero renuncié. No quise seguir el patrón.

Ahí empecé a planificar qué pasos daría después, qué necesitaría para tener margen de movimientos y cuáles serían los peores escenarios que podría imaginar, sabiendo que siempre hay un margen de error asociado a la creativdad de la vida para hacerte dudar de si quieres lo que quieres y cuánto lo quieres.

Pero lo hice, renuncié al confort y abracé la incertidumbre. Me sentí libre (y un poco loca), pero valiente y libre. Aunque ahí, podría decirse que era fácil, porque todo pintaba con cierta seguridad y estabilidad garantizada hasta marzo (todavía había una pequeña sombra de algo parecido al control).

Pero, el tiempo pasó y aquí estamos…¡BIENVENIDO MARZO! y sí… comenzaron las dudas, el estrés y la incertidumbre. Pero con una diferencia: esta vez la incertidumbre, era una protagonista de mi vida QUE YO INVITÉ. Y saber que está conmigo por decisión propia, me hace sentir valiente y libre.

Os confieso, que aún tiro lineas y sé más o menos opciones que pueden moverse. Ya de hecho, mis opciones previas han cambiado, pero estoy más tranquila que nunca, porque observo todo esto desde fuera y puedo verme como protagonista de una obra de improvisación, a la que le van dando palabras, verbos, objetos y con eso construye su propia historia el ritmo del paso del tiempo.

Me siento libre, porque dejé un espacio para la creatividad.

Me siento libre, porque acepté a la incertidumbre como compañera.

Me siento libre, porque sé que lo peor que puede pasar es que me quede donde estoy, pero a diferencia de antes, sé que aunque me quede donde estoy, tengo certeza de hacia dónde quiero llegar y por tanto, pase lo que pase, aún en el peor de los escenarios, sabré que en algún minuto podré volver a intentarlo, hasta que dé con el camino a la meta, pues la vida me ha bendecido con el regalo del aprendizaje y el coraje y fuerza de quien se encuentra, acepta y tiene a sí mismo. Y por supuesto, una terapeuta que te baja a tierra y amigos y familiares que te aman incondicionalmente.

No os podéis imaginar el placer y felicidad que se sienten, cuando te das cuenta que la incertidumbre, en realidad es lo que está más cerca de lo algunos llaman libertad…

Continuará…

PD: Os dejo un enlace con 100 frases sobre valentía  (pinche en las palabra mencionada)

¡Bienvenido 2017!

¿Y…? ¿Cómo nos fue con la experiencia de guardar en el botecito del año pasado, cada buena cosa de cada día del 2016? (para los despistados, los nuevos, los curiosos, y para los que quieren recordar de qué iba la historia, pinche aquí, pues creo que son cosas que son buenas repetir).

Para los que empieza el año con pereza infinita y pasan de leer el enlace,(os resumo la parte del bote..),se propone que se eche en un bote, cada día, un papel con algo que agradecer de ese día. Y puede ser desde lo más básico hasta algo grandioso. Al cerrar el año, uno lo abre, y lee cada cosa que ocurrió diariamente, y se siente satisfecho por todo lo que tuvo. Así cierras con energía de agradecimiento y ¡te quedan ganas de más!.

Y honestamente, creo que es un ejercicio excelente, este de agradecer, de mirar lo bueno, de mirar que siempre hay algo por lo que estar felices. Porque cuando los vientos soplan a favor, esa emoción es sencilla, pero, cuando todo se pone turbio -porque así es la vida, nada es permanente-, mirar la vida desde el agradecimiento y analizando, TODO LO BUENO QUE TENEMOS, QUE ES MUCHO, pues no es tarea fácil. Ni para vosotros, ni para mí, ni para el humano más espiritual que os venga a la mente en este instante, sea cual sea vuestra imagen de alguien espiritual.

Os confieso, que yo, aplico eso de “en casa del herrero, cuchillo de palo” (pobre herrero en todo caso, nunca conocí uno que efectivamente hiciera eso, pero ¡ea!, le tocó al gremio ser el portador del dicho). Efectivamente, no hice lo del bote, pero cada día que pasaba, y este año ha tenido días bien oscuros internamente, he recordado que sería bueno hacer lo del bote, y sí, aunque no en un bote, cada día, he escritto un pequeño balance de lo positivo del día en mi mente antes de dormir, o en una libreta, o en el móvil, para ese día, acostarme recordando, que todo en la vida, siempre pasa de un estado a otro, continuamente.

Cerré mi año de remolinos, ¡FELIZ Y AGRADECIDA!. Revisé mentalmente, cada instante que mi memoria recordaba, lo bueno y lo malo, y dije: “bueno, por algo sigue aquí, y por algo lo que no está, pues eso, no está”. Lo metí todo mentalmente, en un túnel como si fuera una lavadora centrifugando, y ahí dejé que se transformase en lo que deba y cerré esa puerta que daba a ese túnel, lentamente y con agradecimiento y abrí la puerta del túnel que abriría el 2017.

Visualicé mi 2017, en mi mente, a mi forma, lo que me gustaría, y después igual, dejé esa puerta abierta, para que la vida, decida cómo quiere ir añadiendo escenarios, personas, desafíos y sorpresas (de la tonalidad que sean).

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Poned el foco en lo importante: VIVIR. El resto, se da sólo. Agradeced cada vez que algo os inspira y os llena, en ese momento que es fácil hacerlo, y dejad el registro en vuestra memoria (¡y si os acordais, en el botecito!) y caminad, paso a paso, a dónde sea y siempre con la conciencia correcta. ¿Cuál es esa? la que sabe que lo que hacéis está conectado con lo que mejor sabéis hacer, y por tanto os hace vibrar, y que además, veis que tiene impacto positivo e inspira desde lo micro, en aquellos que toca. De lo macro se encarga la vida, y sin daros cuenta algún día estaréis ahí, en lo macro, dejando vuestra huella.

Como una gran amiga me dijo en la noche de año nuevo, este año y por el resto de la vida, vuestro mantra, cada vez que ante una gran idea conectada con vuestro potencial, el miedo y las dudas, se cuelen para hacer ruido, repetid internamente: “¡Y QUÉ CARAJO TE IMPORTA!¡HAZLO IGUAL!”.

Os deseo, de todo corazón, que este año os desafíe, os saque de la ZONA DE CONFORT, (pinche el enlace, ZONA DE CONFORT es ¡EXCELENTE!), os estruje hasta la última gota de miedo, pereza, dudas y que podáis sentir, ver y empoderaros, del valor de quienes sois y lo que vinisteis a hacer. Que todo se abra a vuestro paso, para enseñaros un poco más, sobre lo valiosa, afortunada y prestada, que es esta vida y la aprovecheis al máximo.

Y lo más importante de todo…

Cree en tí, tú eres el protagonista de tu vida, así que, ¡ADELANTE!

¡BIENVENIDOS AL 2017!

2017

 

 

 

Ser tu mejor amigo o tu peor enemigo

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Ha pasado mucho tiempo sin escribir. Perdí mi centro. Eso es todo.

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Cuando no estás en tu centro, no hay forma que surjan las palabras, no hay modo que crees nada nuevo, no hay modo que llegue la inspiración. Porque nuestro centro, está, como su nombre dice, en el centro. Según las sabidurías más espirituales, entre el chakra raíz, y el chakra de la corona.

Y bueno, si está bloqueado el chakra corazón, no hay amor. O mejor, dicho, no hay conexión con el amor, y sin amor, da lo mismo la riqueza exterior/interior y la intución. No hay conexión. Se rompieron los cables entre la base y la coronilla, así que no hay forma que se encienda la luz.

Aún sigo en ese proceso. Estoy tratando de reconectar mis conexiones. Las perdí, porque una vez más, me entregué a la fantasía, a las promesas no cumplidas, a un amor ficticio de una pareja ausente y que sólo se centra en sus propias necesidades, me entregué a soñar en un futuro inexistente aún, apegada a un pasado que ya fue y pasando por el presente sin sentir ni apreciar lo más mínimo, lo que había en ese instante.

Me convertí en mi peor enemigo…y más aún, lo sigo alimentando..dos-lobos-dentro-de-ti.

En algún instante, perdí mi centro, por querer aferrarme a una fantasía, por creer que en el control de las situaciones, se mantiene en el tiempo lo que en ese instante entendía como felicidad. Al querer tomar el control, dejé de creer en la vida, sin darme cuenta de ello. Y cuando a la vida, le tratas de imponer las reglas de tu juego, la vida acepta tu decisión, y te deja hacerlo, pero ahí se rompe la magia, y todo se pudre. Porque la vida, sabe cuál es el mejor guión. La vida tiene claro, ese concepto de impermanencia, y trata de mostrarnos que la belleza, la alegría, la felicidad, se encuentra en todo momento, hasta en la muerte más dolorosa o la relación más viciada.

Si eres capaz de distanciarte de la situación y observarla como lo que es, una lección más para la vida, hasta lo oscuro se vuelve luminoso.

Pero todo esto queda maravilloso escrito. Vivirlo es un desafío nada fácil, duele, cuesta aceptarlo, y te puede llevar al más profundo estado de narcisismo, victimismo, estancamiento y depresión.

Lo importante, es que aunque sea mínimo, pero que haya algún espacio dentro de tí, que sepa, que ese estado, también es temporal. Que ese estado también es impermanente. Que ese estado, también es parte del proceso, y que después de las nubes siempre sale el sol. SIEMPRE.

Este post, no es precisamente un derroche de alegría o entusiasmo, no es un post de fuerza e impulso, no es un post donde se muestre el lado bello de las cosas… a los ojos de lo terrenal…

Pero es un post, que me muestra como lo que soy. Un ser humano, con días buenos, y días no tan buenos. Con instantes de gloria, e instantes de indolencia. Un post, que trata de mostrar, que algún día, no todo lo ves bien, pero siempre queda un espacio de luz dentro, que sabe que esto, también va a pasar.

Es importante saber quedarnos en el dolor, en las rabias, en los sentimientos de frustración, estancamiento, bloqueo, y todos esos sentimientos incómodos y oscuros, al menos un rato. Porque estar ahí, nos hace humildes, porque estar ahí nos hace vernos y aceptarnos, en lo bueno y en lo malo. Porque quien se arranca del estado incómodo, no se acepta a sí mismo con ese lado oscuro, y quien se queda eternamente, reniega de su lado luminoso.

El yin y el yang, la luz y la oscuridad, el día y la noche, las dos caras de una misma moneda… aprender a quererse en ese estado, aprender a sostenerse en ese estado, aprender a convivir un tiempo (no demasiado) con ese estado, reconocer el peso de este en nuestro presente, nos muestra un yo, que sin existir no podría dar lugar al otro yo que es fuerte, creativo, feliz y se levanta. Aprender a convivir con este estado de vez en cuando, quizás es doloroso, pero si superas la prueba, habrás aprendido que eres cada vez más humano y habrás conectado con más fuerza con tu divinidad, tu fuerza interior y el verdadero sentido, de esta vida.

 

¿Cuánto vale tu tiempo?

El tiempo es vida

Hace ya varias semanas que no escribo. Lo confieso: aunque en febrero fui iluminada por sabias palabras de Sergio Fernández (pinche en su nombre y llegará a una página inspiradora para aprovechar su tiempo), son ya 36 años (bueno restemos los 12 primeros años de vida que uno gozaba de la vida realmente) cayendo una y otra vez en la ceguera de la rutina laboral, del run-run de hacer un trabajo que a veces gusta, a veces agota (porque aún no está 100% en sintonía con mi busqueda interior), y en fin… sin darme cuenta, llegué a ese punto en que uno repite a modo de mantra “no tengo tiempo”.

¡Somos tan divertidas las personas!.Resulta que ahora, algo infinito y eterno que se puede estirar o acortar según el individuo que lo mire y goce, nosotros día tras día y a cada instante le decimos “lo siento, ahora no existes, porque no te tengo”.

Y no me vengais con rollos y cuentos de fantasía y me digais que JAMÁS habéis puesto esas palabras en vuestra boca. Haced el experimento. Por un día observad a vuestro alrededor y escuchad, ¿cuántas veces pensáis que escucharéis esta frase al día? y vale escucharla en vuestra mente o en las bocas de otros. Os aseguro que todos los días, !zas! alguien dice que ¡el tiempo es finito!.

Como os decía, en febrero me quedó tan clarita la idea que el tiempo es infinito, que dije “¡oh! ¡aquí está la magia!desde hoy siempre voy a hablar de que no priorizo tal cosa o tal otra, pero el tiempo de ahora en adelante ¡pondré conciencia que es infinito!”

Y me duró, hasta que el señor estrés vino a visitarme y le abrí las puertas de par en par, y es más, le invité a quedarse conmigo, hasta en mis sueños.Juro que tuve sueños en que me decían “¡chica!¡tienes tiempo límite!”

No quiero hacer de este post un artículo sobre un nuevo periodo de pérdida de mi centro, por decidir abrazar el estrés y meterlo en mi cama (así ¡normal que no entre ni medio romance nuevo o conocido en estos meses! ¡el estrés ocupa todo!¡fui amante de mi estrés!), sino que quiero aprovechar este post y este tiempo que decidí apartar para escribir sobre el valor del tiempo y lo poco que lo vemos.

No soy la primera que habla del tiempo y el mal valor que le asignamos. Por ahí, encontré este post excelente “La enfermedad de estar ocupado”, o podéis escuchar esta excelente charla de Sergio, sobre cómo administrar tu tiempo, o leer este otro post “El valor del tiempo” y así suma y sigue… váis a encontrar miles de referencias al mismo tema.

Nos estamos confundiendo, desconectando, enfermando y envejeciendo prematuramente, porque repetimos el mismo mantra una y otra vez “NO TENGO TIEMPO”. Y  no sé si sabéis que los mantras tienen efecto en nuestro subconsciente y hacen real lo que recitan, se crea o no en el efecto del mantra.

Así que, ¡tú!, ¡SÍ!¡TÚ!, date un segundo de tu tiempo y piensa la respuesta a esta pregunta: ¿cuál piensas que será el efecto de repetir el mantra “NO TENGO TIEMPO”?

¡EXACTO!, LA MUERTE. En sentido real o figurado, morirás en vida lentamente, en la medida que te repitas que no tienes tiempo.

Porque el tiempo sólo se termina para nosotros, en el plano físico, cuándo morimos. Así que cada vez que repitas “no tengo tiempo” y seas consciente, mira lo que comienza a suceder alrededor tuyo. Simplemente, llamas a la muerte en tu día a día.

Comienza a invadirte el estrés, sientes que no alcanzan las horas del día para hacer lo que debes hacer, terminas seguro discutiendo con alguien, echando maldiciones a alguien que justo te pisó accidentalmente en el metro, porque eligió hacerlo el día que te habías quedado dormido, y ya saliste de mal humor al trabajo, llegaste tarde, saliste aún más tarde, no comiste al llegar a casa, al día siguiente agotado te tiraste el café encima, y aunque te levantaste más temprano, llegaste  corriendo al trabajo estresado porque pensabas que llegarías de nuevo tarde….etc, etc, etc, hasta que… ¡ZAS! a ver si adivino: “de repente” (ese síndrome del “de repente” asociado al mantra “no tengo tiempo”) te enfermaste, “de repente” un familiar se enfermó y te tocó dejar todo de lado para cuidarlo, “de repente” tu mascota se puso extraña y tuviste que dedicarte a darle cuidados especiales, “de repente” te dio una gripe espantosa y quedaste en cama mínimo dos días, “de repente” te lesionaste y tuviste que ir más lento, o poner más atención a cada movimiento,….de repente…, de repente…, de repente…

¿En serio?¿en serio piensas que era “de repente”? Piensa todas las situaciones semejantes a esta, y mira el desenlace. A mí no me lo tienes que contar, te lo tienes que contar a tí, y supongo que contigo serás honest@ y no te contarás cuentos y te darás cuenta de cuántas veces has repetido este mantra y te has muerto un poquito ese día o en esos días.

Bueno, pues te propongo otro ejercicio. Observa a tu alrededor cuánta gente dice que no tiene tiempo, anota cuántas veces escuchas esa frase en tu día a día, o se te arranca de tu cerebro y cada vez que lo caces, comienza a pensar distinto. Si te cazas diciendo ese mantra, repite “en este instante mis prioridades son …….. y les dedico toda mi atención y tiempo presente”.

Con algo tan simple como estos dos puntos, observar cuántas veces se dice el mantra y poner tu conciencia en cambiar la fuerza e intención de tus palabras, te vas a dar cuenta, que el tiempo, “de repente” se va a estirar y tú, “de repente” logras priorizar lo importante por sobre lo urgente, tienes más energía, y por ende, el tiempo, “de repente” se hace infinito.

¡Haz el experimento y me cuentas! ¡Yo ya me cacé en mi mantra! ¡Comencé a hacer este ejercicio, y ni te imaginas la cantidad de cosas que hago al día!

¡OS DESEO, QUE OS CUNDA INFINITO!

 

 

 

 

 

ME PARTE EL ALMA…

Me parte el ama

Me parte el alma ver tanto sufrimiento en el mundo.

Me parte el alma ver que el ser humano necesita sentir en sus carnes el miedo, la pérdida y la desesperación, para poder sentir compasión por aquel que vive o vivió lo mismo.

Me parte el alma, ser incapaz de sentir el dolor de otros cuando no me identifico con lo que viven y poder seguir viviendo, pensando “eso por suerte no me pasa a mí”.

Me parte el alma, ver que hay gente, que buscan culpables fuera, en vez de mirarse hacia dentro, cuando el dolor común, se toma las noticias.

Me parte el alma que haya gente que aún mira sólo por su metro cuadrado, busca tener la razón e invierte energía en ser quién gane, criticando absolutamente todo, por el placer de criticar, mientras otros muchos, no tienen metro cuadrado al que pertenecer, ni situación que le permita tener razón, ni tan siquiera energía para malgastar, pues la poca que les queda deben invertirla por completo, en  mantenerse vivos.

Me parte el alma, pillarme rabiando por estupideces, mientras hay gente que no tiene espacio para la rabia, porque lo único que le queda es aceptar su realidad sin derecho a reclamos, “ni devolución del dinero”.

Definitivamente, me parte el alma  ver que estamos en realidad tan desconectados unos de otros y seguimos perdiendo el tiempo, en buscar responsables fuera.

Somos tan sumamente egoístas, desconectados, desagradecidos y poco humildes ante la vida, que nos permitimos “decir saber más” que la vida misma y nos creemos dueños y señores de la palabra justicia.

Tras tanto dolor, tanta pérdida, tanto pequeño y gran sufrimiento y viendo que hoy por hoy, tengo la inmensa fortuna de estar sana, con hogar calentito, comida, trabajo, familia, mascotas, amor, amistad, he decidido que me comprometo a ser agente de cambio.

Me comprometo a intercambiar cada día una sonrisa con un nuevo desconocido.

Me comprometo a ayudar cuando cueste.

Me comprometo a pensármelo dos y tres veces, antes de reclamar por estupideces, o buscar tener la razón, para satisfacer a mi ego.

Me comprometo a mirarme al espejo, antes de criticar a alguien y a apreciar los bienes materiales como un regalo, un privilegio, que trataré de administrar con el cuidado que uno saborea sus más preciados dulces y cuida su más preciado regalo.

En definitiva, me comprometo a realizar un pequeño gesto de amor, de humildad y agradecimiento cada día.

Quizás me equivoque algún día, o esté demasiado cansada para  cumplir a diario. Pero mi propósito desde hoy, es hacer todo lo mejor que sepa, para poder recomponer mi alma.

Porque necesito mi alma sólida, para poder vivir esta vida. Pero para eso, necesito que nada más me vuelva a partir el alma.

Y aunque la vida tiene ciclos, momentos buenos y malos, voy a construir cada día algo pequeño, pero sólido, cuyo único propósito sea poner una nueva semilla, para un mundo mejor.

Así, cuando de nuevo un día, un evento doloroso, se presente ante mí, no sienta que se me rompió el alma, sino que tan sólo, tuvo una pequeña fisura, que con la práctica del ejercicio correcto, se recompone por sí sola.

Pd: Dedicado a mis amigos de Ecuador, que por fortuna están a salvo, pero que hoy sienten el dolor de los suyos, como si fuera propio.

La Auto-lealtad: el compromiso con nuestro verdadero ser.

Thula escondida entre la lluvia

 

Pintura de Iris, la niña autista que pinta con el alma. Esta es mi pintura favorita. ¿Podéis ver a su gata entre la lluvia?

 

    Tras más de un mes desconectada, me encuentro sentada en mi hogar, tratando de enganchar con el trabajo y la rutina, que cuando me despisto me lleva lejos, muy lejos de mi centro. Y eso, me da una pereza taaaaaan grande, que de hecho hoy pasé todo el día en cama, sin poder respirar, tosiendo de forma desgarradora y con la energía en números rojos.

Soy una eterna convencida:NADA es casualidad y el cuerpo es muy sabio. Sí, podemos decir que el cambio de clima ayuda, que si saliste abrigado pero hizo calor, o desabrigado pero hizo frío. El caso, es que bajo las mismas condiciones, unos se enferman y otros no. En mi caso no falla. Mi cuerpo cada día más interconectado con mi sentir, me manda al instante los stop, frena, acelera, pisa embrague, da marcha atrás o cambia de marcha.

En el menor instante en que dejo de ser leal a mí misma, mi cuerpo se pone en huelga. Comienza con pequeños avisos y termina con golpes bruscos si no hago lo que corresponde, o mejor dicho, si no hago lo que sé internamente que debo hacer.

Desde que estuve en el Valle del Elqui, pasaron muchas, muchísimas cosas.Unas fueron solapando a otras. A mí directamente, no me pasó nada malo, pero sí hubo movimientos de emociones en cada uno de mis entornos cercanos o lejanos físicamente, pero siempre parte de mi entorno: amistades, familia, trabajo, pais, grupos, mundo.

En todo este escenario de movimiento interno de lo externo, yo figuraba flotando en mi burbuja de felicidad por mi conexión en el viaje(tengo pendiente hablar de esa segunda parte) y el posterior reencuentro con mi gran amor. Ese amor que es una mezcla entre platónico, alma gemela, dolor de cabeza, karma, crecimiento y a la vez cuestionamiento y práctica principalmente de la certeza, desapego y conexión con el centro de uno mismo. Un trabajo intenso de auto-lealtad, como he decidido llamar a este post.

No tuve mucho tiempo de seguir flotando en esa nebulosa, pues me topé con noticias terribles respecto a gente cercana. Esas noticias que aunque no te duelen en lo profundo, no te dejan impávido, porque te tocan, porque cada día el sentir colectivo es más cercano, y porque finalmente el sentir colectivo de un modo u otro te afecta en tu sentir.

Atentados, guerras, maltratos de animales, abandonos, violencias de género, enfermedades de seres queridos, adicciones, falsedades y envidias, egos en el trabajo que sólo piensan en el beneficio propio y así de pronto, yo que estaba en mi burbuja, me metí en una rutina diaria de trabajo y noticias ajenas, por las que, aunque quería volver a mi centro, no me quedaba energía al final del día ni para meditar o tratar de ver dónde me encontraba.

El cuerpo es muy sabio. Fue dando pequeños avisos. Así mismo, mi día a día, mis emociones, el mismo clima. Y bastó generar un poco de rabia focalizada en un par de eventos y personas, para que el cuerpo hiciera ese STOP. Bendita rabia, que ya conozco. Ese patrón al que me engancho con tal facilidad, tanta naturalidad, que me enferma sin tregua, y me muestra, “¡che nena! ¡hasta aquí llegaste por el momento!”. Y bueno… si lo estaba viendo venir… traté de hacerme la tonta, pero era sólo cuestión de tiempo.

El asunto, es que sin entrar en detalles del envolvente marzo, que pasó dejando huella diaria, que me llevó, como cuando uno se mete al río y aún no conoce su fuerza y te lleva varios metros… Finalmente,así me llevó marzo.

Pero llega abril, y lo primero que hago en el fin de semana es plantearme: “¿qué he hecho por mis metas?, ¿mis sueños, mis propósitos, mi vocación, mis nuevos proyectos que estaba impulsada a realizar, dónde quedó todo aquello?”, pues en un lindo cuaderno que me  compré en febrero. Bonito, colorido y bien cerrado y tapado por el leve desorden que quiere brotar en casa. (No le dejo, del todo, porque sino, ahí me desconecto por completo y empezar de cero…¡como que no!está bien alguna que otra concesión con el no compromiso, pero hay que poner algún límite…)

Vuelven los miedos, la pereza, el temor a avanzar. Veo mi entorno, y todos los problemas, dudas, sufrimientos de mis seres cercanos, me hablan precisamente de eso: de no ser leal a uno mismo. De querer quedarse en lo cómodo, o en la ansiedad, o en el control. Todo lo que es, no confiar en la vida, ni seguir tus instintos. Y todos sufriendo por uno u otro de esos patrones, de algún modo. Y yo viéndolo desde afuera…

Seguramente me digais, “si bueno, ya… ¿pero y qué tiene que ver ahora la niña autista, con el título de la entrada y todo este rollo que nos cuentas…?”, sencillo: la auto-lealtad y el compromiso con nuestro ser.

SER<–>HACER<–>DECIR, relaciones de palabras en dos sentidos. Una lleva a la otra y la otra a la una. Todas son distintas pero deben comunicar lo mismo. Y cuando los enlaces se rompen, el cuerpo se enferma y la vida, nos para.

Esta niña, Iris, autista, no se comunicaba con nadie, o mejor dicho, nadie entendía cómo comunicarse con ella, hasta que conoció a su gatita, Thula. Con Thula, Iris comenzó a SER ella. Podía comunicarse a su forma, sin tener que adaptarse a nada ni nadie. Entonces comenzó a HACER y DECIR, quién era, cómo sentía y cuál era su misión aquí, a través de las pinturas.

Sus padres, la dejaron ser, permitieron que fuera quien es, aceptando tal cual su situación, sin cambiarla un ápice y ese compromiso con ella, generó el cambio, cuyo vehículo de catarsis fue Thula, esa gata metal, que también tenía su misión definida en esta vida.

Entre medias de tanta noticia, de tanto sufrimiento en mi entorno, de tanto perder mi centro, veo por todas partes noticias de Iris, y de más niñas (casualmente mujeres), que desarrollan su lado creativo, compasivo, amoroso en pos de hacer felices a otros, ya sea pintando con una delicadeza tan extrema que te lleva a sentir magia cuando miras sus pinturas, ya sea logrando que un grupo de niños en la India puedan tener una biblioteca (pinche aquí–>Niña de 9 años se encarga de biblioteca en la India )

Y si seguimos buscando, y ponemos el foco ahí, veremos que hay muchísimas más noticias de ese estilo, que de dramas y cosas negativas.

Hay muchos más ejemplos de personas que son leales a su ser, sus sueños, su compasión y amor a otros, que gente violenta, y sufrimiento. Hay gente que muestra como su enfermedad es un proceso de crecimento y apreciación que usan para inspirar a otros. Hay miles, millones de noticias cada día que pueden inspirarnos, y que pueden ser acordes a nuestro ser, a quienes queremos ser, a quienes soñamos ser.

Pero dónde ponemos el foco, es lo que creamos, es lo que nos va sacando poco a poco de nuestro centro y nos lleva a la deriva, hasta llegar a dolorosas enfermedades que no sabemos hacer frente, quiebras económicas, problemas de relaciones, accidentes y un sin fin de reflejos de nuestro interno lazo roto con nosotros mismos.

Hoy leí algo sobre las preguntas que se necesitan hacer dos desconocidos para enamorarse. Una de ellas decía: “describe tu día perfecto”, y poniéndome en situación de imaginar mi día perfecto, me dí cuenta, que mis días se han ido alejando de esa imagen de perfección.

En verano, más allá de que eran vacaciones, vibraba a tal frecuencia, que la gente me decía, que me veía radiante. Hoy mientras imaginaba mi día perfecto, me sentía así, radiante y feliz.

Entre las cosas que me hacían feliz y formaban un día perfecto, estaba escribir, estaba pintar, estaban las artes, la música y los actos creativos, estaban las buenas conversaciones, las escuchas de apoyo, el compartir.Estaba la energía femenina sutil, que contiene y crea a la vez. Estaba el gozar de la vida con la calma y conciencia suficientes para tener todo lo necesario: la felicidad del compromiso con el ser, el de verdad, no el que espera aplausos y recibir bonificaciones por méritos, sino el ser que es feliz sabiendo en silencio que lo que hizo marcó para otros un antes y un después para mejor, y a uno le conectó con su parte más profunda de creatividad.

Por eso, aunque sé que me costará madrugar mañana, y meditar ahora antes de ir a dormir, y mañana seguramente llegaré tarde a todas mis entregas, si hoy no me dejaba un espacio para ser auto-leal, con mi pasión por escribir, habría roto una vez más el compromiso con mi ser, y estaría un paso más lejos, de lograr aquello que me hace vibrar y de seguro, crear algo mejor para un mundo mejor.

Ahora sí, puedo dormir como un angelito. Y os doy firmado, que después de este pedazo de texto, mañana, aunque colapse de trabajo, amaneceré como una rosa: ¡¡MARAVILLOSAMENTE!!, porque dí un paso al lado, para volver a mi centro.

Amistad Iris y Thulathula